martes, 22 de septiembre de 2009

La Condena

Más bella que un ocaso en la playa, sola, abandonada, caminaba de lado a lado por la terraza de su ostentosa residencia. Miraba fijamente hacia el ondulante parque que la circundaba, sin verlo. Las lágrimas desteñían su mirada felina, la tornaban frágil, a pesar de su imponente contextura.
Al mirar hacia el jardín, alcanzó a ver la menuda silueta de la nueva mucama, acariciada por una nube de oro hasta la cintura. Era una chica quinceañera, que su marido había insistido en emplear. Desde la terraza de su dormitorio parecía mas pequeña , parecía inocente...
Helena sintió un escalofrío y entró a la casa, la saludó el retrato de un hombre joven, cuarentón, como ella, pero rubio, con ojos claros y facciones hermosas. Era su esposo y había desaparecido tres días atrás, sin llevarse nada.

Creyó conocerlo. Luego de casados se enamoró en seguida, de èl y de la vida soñada que le ofrecìa… El era un hombre maravilloso, pero evidentemente, no había logrado enamorarlo. En el corto par de años que llevaban juntos, se dio cuenta de que el matrimonio había sido solamente un contrato conveniente para ambos.
Analizaba permanentemente todos los diálogos que mantuvieron en los momentos previos a que se esfumase sin dejar señales. Se acostó. Sus ojos lavados de lágrimas, desteñían tinta negra sobre las sábanas. Luego de varias horas, se durmió.
A la mañana siguiente, un inspector policial le informó que iniciaría las averiguaciones y la búsqueda. Como primera medida, tomaría declaraciones sobre los momentos previos a la desaparición, a los que lo hubieran visto y tratado directamente en esas ocasiones.

La primera en hablar a solas con él fue ella, Helena:

“Dormí profundamente toda la noche y no noté que mi esposo faltase de mi lado en algún momento, aunque pudo haberlo hecho sin que me diera cuenta.
Esa mañana, la mucama nos sirvió el desayuno en la terraza de la planta alta. Fue un momento muy grato, mi marido estaba radiante y la brisa otoñal no lograba apagar los rubores de su cara. Hizo comentarios menores sobre un negocio importantísimo que lo tenía muy ocupado, pero también lleno de ilusiones. Se veía feliz y como siempre, fue extremadamente cariñoso conmigo al despedirse para ir a su empresa. Al mediodía hizo un breve llamado telefónico, que respondió la mucama porque yo no estaba en casa. Me dijo que avisaba que no vendría a cenar, porque su negocio estaba a punto de sellarse. Después de aquello, no supe más de él. En la empresa, su secretario, me informó que se había retirado a la hora habitual, sin hacer ningún comentario. Y eso fue todo.”

Más tarde, el inspector pidió hablar con la mucama en una sala apartada. Helena le dijo que podría verla en las dependencias de servicios. Era una pequeña construcción de dos ambientes, en el fondo de la propiedad que ella había mandado hacer, de tal modo que tuvieran privacidad.

“Me había retirado a dormir a la misma hora que los señores. Pero aproximadamente a las dos de la madrugada, el señor golpeó mi puerta para que le preparase un sándwich, y le buscara unas aspirinas. Me levanté, como siempre, e hice lo que me pidió. Conversé algunas palabras sin importancia con él y cuando terminó la comida, se retiró a la casa grande.
A la mañana del día siguiente, los señores se levantaron a la hora de siempre y les llevé el desayuno a la terraza porque el día se presentaba soleado. El señor se veía algo serio, no me hizo bromas, como acostumbraba, y luego yo volví a la cocina. Cuando fui para retirar el servicio, una hora después, la señora tenía lágrimas en los ojos. Escuché el portazo en la sala principal y el chirriante sonar de los neumáticos al salir violentamente el señor en su auto.
Al mediodía, llamó por teléfono y avisó que no vendría a cenar. Dijo que esa noche tendría una cena de trabajo para sellar el negocio que lo tenía tan ocupado.
Después no supimos mas de él. La señora Helena y yo estamos desoladas.”

El inspector, luego contactó al jardinero que habitualmente visitaba la casona. Le preguntó si había estado para la fecha de la desaparición del señor. Le respondió que estuvo presente todos esos días porque estaba preparando el parque para una recepción que darían, la semana entrante.

“El día anterior a que el señor desapareciera, yo me quedé hasta tarde. Los vi cuando cenaron, rápidamente y muy serios. La señora se volvió molesta y apagada desde que la chiquilina empezó a cascabelear por la casa. Serían casi las doce, y ellos se retiraron a dormir. Yo les avisé que me quedaría a limpiar las herramientas. La chica también se fue hacia su vivienda.
Serían casi las dos de la madrugada, me estaba yendo cuando vi pasar como una ráfaga al señor. Lo seguí. Entró a la casita de la mucama. Imaginé lo que pasaría allí dentro, y escandalizado, me fui.
A la mañana siguiente, atendía mis tareas, mientras ellos desayunaban en la terraza de su dormitorio. Discutían a viva voz. El se detuvo cuando entró la muchachita. Le cambió el semblante. Cuando se fue, luego de servirles el desayuno, la discusión continuó peor que antes.
Mas tarde él partió a toda velocidad en su auto y la señora quedó llorando sola en la terraza.”


El inspector cavilaba sobre los tres relatos. Era evidente que la muchachita y el hombre tenían un romance. Pero porqué la señora le mintió tanto?. Por qué el se fue y la joven se quedó en el caserón, Dónde estaba?, Que planearía?

Helena habitaba como una sombra la casa oscura. Otra vez como aquella noche el insomnio la retenía en la terraza del dormitorio. La chica, como siempre desde hacía dos meses, caminaba por el jardín, como esperándolo. Alcanzó a ver la curva prominente que abultaba su vientre, cuando pasó frente a la luz amarilla que iluminaba los jazmines, por la noche. Ella lo había presentido. No la echó porque, pensaba que si la retenía, su esposo volvería.

Un par de semanas después el inspector se hizo presente con una carta.
-Un amigo de su esposo, que exigió quedar en el anonimato, dijo que le dejó esta carta para usted.

Mientras el hombre observaba la creciente palidez de la jovencita, Helena la leyó.

“Helena,

Sé que me amas mucho y también es cierto que yo había empezado a quererte del mismo modo.

Te imagino horrorizada. Mercedes es una nena todavía y yo un niño avejentado esperando en una esquina un micro escolar, perdido para siempre. Ella logró que me olvidase de la moral, de la responsabilidad, de vos, de todo.

Mis instintos dormidos, mi pasión contenida, se desataban cuando su halo de frutillas y menta perfumaba nuestra casa.

Sinceramente, me dejé encontrar una vez y luego era yo el que exigía jugar su juego. Pero una de esas noches me dijo lo de su embarazo y fui conciente del fondo barroso que intuía en la laguna mansa de sus ojos. Palpé la magnitud de lo que había hecho y huí de todo y de todos.

Por favor, cría a mi hijo, Helena, como si fuese nuestro. Ve que la chica, vuelva con sus padres. Esos mismos que firmaron todo para darme al niño por una suma miserable.

Iba a volver a tu lado, a pesar de mi vergüenza, a suplicar tu perdón. Pero es mejor que lo pierda todo, que cumpla la peor pena no poder compartir contigo a mi propio hijo.

La cobardìa serà mi condena…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

buenìsimo el cuento, me encantan los policiales!!
quiero màs!!
Susana

ALFREDO LEGNAZZI dijo...

Hola Marta, como andas.
Intento hacer un anális de la siguiente forma: argumento, redacción y gancho.

Sin ser demasiado quisquilloso, pero como me pediste un poco mas de critica lo hago.

El argumento me parece previsible en algunos partes, será que esta todo inventado. De entrada se veía que el cuarenton tenia un romance con la quinceñera. Igual, acostumbrado a releer tus textos, traté de buscarle la quinta pata al gato y no la encontré. Creo que es directo, sin recovecos y eso me gusta. Es decir que no me sorprendio el final como en otros cuentos tuyos. Talvez no haya tantas posibilidades.

En cuanto a la redacción, ya se que escribis muy bien, pero me parecio que para ser gente que esta declarando ante un policía o escribiendo una carta confesando el pecado cometido utilizan un lenguaje muy poetico. Me parece que si estuviera en la piel del hombre no tendría tanta claridad de pensamiento. Es decir esta muy bien escrita por Marta y no por el hombre o la chica de quince que declara ante la policia.

En cuanto al gancho,creo que tiene buen clima y bueno vi muchas imágenes.

No conozco tanto el genero policial, lei un par de libros de Agatha Christie, y te tira un monton de detalles que despues combran sentido cuando lo analiza Hercules Poirot, pero me parecieron como mas frios.

En fin espero que mi critica sea util.
De todas formas soy un tipo que siempre ve la parte del vaso lleno y no el vacio, por lo que me cuesta mucho hacer este tipo de criticas.
Te mando un beso

Marta Mena dijo...

pero son re validas!!! gracias mil