sábado, 23 de abril de 2016

Y las musas volverán... Quizá tan solo dormían y yo no supe despertarlas. Si, las musas acudirán... al llamado de mi alma que sangra un dulce y espeso alimento. Ellas nunca se fueron Yo les permití olvidarme... y ellas lo hicieron

jueves, 13 de junio de 2013

LA PRINCESA OSCURA (cuento épico inspirado en Game of Thrones y dedicado a mi amiga Virna Kohle)

El reluciente féretro de ébano y hierro contenía el sueño eterno de Bathlen de Bath, Lord of Falling Hights House y rey del Este de los Fiordos negros. Su hijastra y esposa, Virnnae Kholothen, princesa y reina de Falling Hights, permanecía quieta, de pie a su lado, cubierta por un velo y en su atuendo de duelo. Rozando contra la blanca piel de su pierna, yacía Kattrena, su fiel pantera negra, animal que su padre le había traído luego de una batalla ganada hacía una década. El finado Bathlen el bello, había conquistado hacía ya varios años, el corazón de la reina viuda, Lady Darrashae Kholothen madre de Virnnae, que deslumbrada por su rostro perfecto y el cuerpo descomunal, no había entrevisto la posibilidad de que éste sólo quisiera transformarse en rey de Falling Heights y duplicar así sus tierras de conquista sin ganar batalla más que la librada entre sus sedosas sàbanas. El próspero pueblo de Falling Hights pronto comenzó a sostener al del reino de Fiordos negros con su esfuerzo. Unos trabajaban para sostener la vagancia y beligerancia de los otros. Se desató de a poco una silenciosa guerra interna entre ambos pueblos que redujo la población a menos de la mitad, entre las migraciones, las matanzas y la delincuencia. Pero Bathlen, adorado entre los suyos, sólo veía que su pueblo ignorante y brutal, ahora lo amaba, ya que les había dado a quienes robar y a quienes someter…sin entregarles él, absolutamente nada de sus arcas. Y Darrashea, sometida entre el amor y la lujuria, dejó de contemplar con orgullo el afuera de los muros de piedra de su castillo, para ver sólo su radiante lecho, esclava del fuego al que la sometía su hermoso rey Bathlen de Bath. Un día llegó al castillo, llamada por Virnnae, la hechicera Melissandre, prima segunda y también parte del antiguo clan extinto Kholothen de Khöl. Melissandre, última del clan, había sido desheredada injustamente, a causa de sospecharse bastarda por su impactante cabellera roja, poco apropiada entre los rubios del clan Khöl. La mujer, habitante de una modesta casita del pueblo aparentaba una veintena de años pero superaba la cincuentena, sobrevivía con las artes del hechizo y la magia negra que utilizaba hasta en sí misma y que la hacían portadora de una exultante hermosura. Virnnae, harta de la soledad del castillo y de ver a la muerte devastar el pueblo que su padre y su madre habían amado tanto, decidió llamar a su prima, aprender sus artes oscuras y, entre ambas, pergeñar un plan. La idea de Virnnae era hechizar de a poco al rey hasta matarlo para que su madre gobernara sola y volviera a ser la de antes. Pero Melissandre, con su malvada naturaleza, fue un poco más allá y cambió, “ligeramente”, según ella, los planes. Tiempo después, ya Virnnae instruida en las malas artes, Melissandre partió, dejando en manos de su prima dos frascos de un fosforescente líquido verdoso. Uno, teóricamente, para desenamorar a la reina y volverla a la realidad. El otro, para envenenar en un lapso de menos de una semana, al rey Bathlen hasta matarlo, sin dejar rastros. Pero la hechicera, cambió las cosas ideando un segundo plan secreto, cuyos resultados ella no vería porque ya estaría lejos sometiendo al rey Stannis Baratheon para lograr enamorarlo y ayudarlo a conseguir el tan ansiado trono de hierro por el que varios reyes estaban ya luchando. Trono en el que ella, Melissandre, se sentaría, como su reina, a su lado. Virnnae se había quedado sola otra vez, su prima le había contado de sus planes sobre el Trono y el rey que seduciría y manipularía, pero en su inocencia ella confiaba en que las pócimas le devolverían a su madre y aniquilarían a su padrastro lujurioso y ambicioso. En sus amplias habitaciones, con su pantera como testigo ahora tenía un plan entre las manos y un montón de conocimientos para que su futuro fuera exactamente como ella quisiera… y pronto tendría de nuevo a su madre, nuevamente, gobernando en Falling Heights y Fiordos negros, como la honrosa reina que supo ser. Melissandre reía estrepitosamente muy lejos de allí, recordando la maldad ocasionada a Virnnae mientras abría las piernas y, sobre el lomo de su caballo blanco, en plena carrera, hacía que su enamorado Stannis la penetrara una vez más, obnubilado, mientras el animal hacía exactamente lo que ella le ordenaba. El hombre enajenado y sumiso gozaba sin entender la visión demoníaca que resultaba para sus súbditos, la pareja pasando a toda marcha, en plena cópula bestial. Mucha gente moriría para que ella fuera reina junto a Stannis, pero eso no importaba. El fin justificaba el sacrificio de inocentes. Y sin sacrificios la magia negra no funcionaba. Así se lo había transmitido a su prima en Falling Heights. Ahora Virnnae era la reina de ambos reinos, se había dado cuenta del plan de Melissandre, tan distante del suyo propio. Y estaba sola. El pueblo afuera clamaba…”Bathlen ha muerto, que viva la reina Virnnae”! Y a ella se le helaba la sangre en las venas. No era eso lo que había planeado. Nada había salido como ella hubiera querido. Densas lágrimas rodaron por las pálidas mejillas y dos caballeros de la corte le acercaron una poltrona recubierta de piel de cordero para que se arrebujara en ella. El invierno se había instalado y las gruesas paredes del castillo lo cobijaban dentro y allí, velando a su padrastro y esposo, se sentía más helado que afuera. Virnnae se quitó el velo, acercó la poltrona al fuego y, sin dejar de acariciar a la pantera, comenzó a recrear en su mente, los hechos acaecidos en los últimos meses luego de la visita de Melissandre. Había seguido todas sus instrucciones al pie de la letra, había incluso realizado magia en sí misma para verse más joven aún, y mucho más bella. Había resultado, tanto que los caballeros de la corte parecían ahora suspirar ante su paso conocido. Luego había administrado con cuidado en las comidas, las pociones a su madre y a su padrastro. Sin embargo Bathlen parecía cobrar más fuerza y más virilidad cada día. La reina aletargada, no había podido responder a la única preocupación del rey, tener recargadas sesiones sexuales con ella. El rey enardecía. Virnnae, rejuvenecida y exuberante ahora, tras sus prácticas de magia, había tenido que encerrarse por las noches, porque el rey mandaba sus caballeros a tratar de violentar su puerta. Y de pronto, contra todos los pronósticos, la reina murió, así, de repente. Virnnae fuera de sí, revisó los frascos, controló las fórmulas, incluso la probó en sí misma, hasta con la idea enloquecida de suicidarse. Pero nada sucedió. El rey se desequilibró, lloraba, pateaba puertas, comenzó a violar a las cortesanas y a salir a buscar placer sensual, camuflado como un indigente, por el pueblo. Virnnae se hizo fuerte, continuó con el envenenamiento esperando y deseando que su prima no hubiera alterado la fórmula desde lejos con su magia. Nada parecía surtir efecto. Evidentemente Melissandre y su poder, habían gestado un plan a realizarse desde lejos… y la magia de Virnnae no era suficiente para contrarrestarla. Decidió seguir, y ver en qué terminaba todo eso. Después de todo, ella no era la que tenía que tomar la pócima. El rey una mañana había llamado a Virnnae a sus aposentos, calmado, compuesto, aún con la decimoquinta ración de veneno en sus venas que parecían no hacer efecto. Hizo saber a Virnnae que había decidido casarse con ella para que ella fuera reina lo antes posible. Como para hacerle un favor. De inmediato entró un juez de la corte, dos caballeros y entre los cuatro la sometieron y obligaron a aceptar la orden del rey. Y en menos de media hora, se informó al pueblo que Virnnae, hijastra del rey, había sido por él desposada. El pueblo vivaba. El pueblo todo lo vivaba sin entender las consecuencias de nada. Esa monarquía tenía que darle entretenimiento para paliar el hambre y las enfermedades que los diezmaban. Imaginar la cuasi incestuosa y oscura relación consumándose tras los muros, excitaba al populacho y los mantenía entretenidos por varias semanas o hasta meses. Comenzaron a llamarla “la princesa oscura” por la perversión que intuían en la relación con su padrastro. Bathlen, luego del casamiento relámpago, la había sometido hasta el cansancio, Virnnae que aún a su edad era virgen por decisión, no podía creer la cantidad de sensaciones que se habían apoderado de su cuerpo nuevo aquella noche. El rey estaba descontrolado con su cuerpo, con su entrega, la colmaba, la enardecía, la violentaba y luego la dominaba de nuevo, para más tarde amarla con exaltación incansable. Cada noche, desde aquel día fue un idilio de placer, ella misma perdió noción de sus planes, de su propia vida y sólo pasaba el día esperándolo en la cama, aprovechando para embellecerse, o jugando con su pantera como únicas actividades. Virnnae olvidó el frasco de veneno que arrojó por un desagüe causando la muerte de millones de roedores que, al pudrirse en la intemperie, fueron portadores de enfermedades en el pueblo por meses. Ella ni se enteró de todo eso, el pueblo la había necesitado, clamado por ella, gritado por cambios, pedido por salud y por ayuda. Ella nada había escuchado, ella sólo había esperado en la bañera, en la cama, frente al fuego, desnuda o cubierta de su largo pelo dorado, en las habitaciones del rey, igual que lo hiciera su fallecida madre, enajenada de deseo. Y un día, uno de esos maravillosos días, luego de una increíble sesión de amor con su Bathlen de Bath, transformado en su bien amado… llegó un caballero a avisarle que el corazón del rey habíase detenido de pronto, en una de sus recorridas por el pueblo. Le dieron el pésame, y le indicaron que se vista y se levante porque tendría que hacer los arreglos para los funerales reales y más tarde, ocuparse de los asuntos pendientes del rey. Virnnae, recordando todo esto, abrazaba sus rodillas sobre la cálida poltrona, se perdía en la mirada verde de la pantera Kattrena y trataba de encontrar las explicaciones en las lenguas de fuego del hogar... El licor espeso en su copa se calentaba y la reconfortaba, pero no le alcanzaban las lágrimas para llorar por su amado, por su madre, por sus planes olvidados y por toda la desgracia que parecía haber caído por su reino tras el paso de Melissandre y su incomprensible traición. De pronto el llanto se secó, el perfecto rostro de Melissandre se corporizó en una llamarada más alta y Virnnae escuchó que su prima, desde lejos le decía…”Eres reina, qué más quieres? Me llamas traidora y eras tú quien quería matar al rey. Tu madre fue el sacrificio, no te dije acaso que la magia requería “sacrificios”? Yo creo que te he hecho más beneficios que traiciones, querida prima, reina de Falling Heights y ahora de Fiordos negros también. Te hice conocer el amor sensual que te transformó en amante experta y hechicera, para dominar a cuantos reyes tú quieras. Pero te enamoraste del malvado que sometió también a tu madre. Mal comienzo, sin dudas. Cuando termines de llorar, me agradecerás, habrás aprendido tu lección y me deberás todo lo que ahora tienes”. ... Pocos meses después, Virnnae Kholothen, hechicera, reina de Falling Heights y Fiordos negros, conocida como “la princesa oscura”, cabalgaba en su potro tan negro como sus ropas y el velo que cubría su cabellera dorada, fuera de palacio seguida de sus caballeros, de una reducida corte, de algunos habitantes fieles de su devastado pueblo, y de su leal pantera negra Katreena, hacia el lejano norte, con una única meta, vengar la muerte de su madre a manos de Melissandre. Sin su inocencia original, habiendo aprendido a través de la tragedia y la traición, una nueva mujer, una verdadera reina aspiraba tambièn, como tantos otros, a ocupar el ansiado Trono de hierro del norte…......Virnnae, “la princesa oscura”.

martes, 4 de diciembre de 2012

MORGUND Y LA FÀBULA OLVIDADA...

Morgund deambulaba solitario por el parque octogonal de la ciudad dormida. Entreveraba los vientos confundiendo a las aves nocturnas, mientras practicaba el recién descubierto talento. No imaginaba, en su inocente juventud, que era observado intensamente desde el corazón profundo del bosque artificial. Martika, una veterana mujer, pero nueva integrante de la “Sociedad de los seres diferentes”, no veía la hora de presentarse ante el adolescente pero para enseñarle “otras artes”… En la última reunión del extraño grupo de “talentosos” realizada en “el sótano” ubicado bajo el lago del parque, una construcción modernísima y oculta fabricada para sus encuentros secretos, Rhcastro, la madre de Morgund, con su innata “habilidad” había vislumbrado, con sólo mirarla, la oscura intención de Martika para con su hijo dilecto. La señora, que siempre parecía estar en estrecha comunicación con algún misterioso finado invisible a los demás, se había pasado la hora entera, recorriendo con sus ojos de gata en celo, la armoniosa anatomía de su único hijo varón, a quien ella cuidaba como a una joya preciosa. Entinieblas, padre del joven y devoto esposo de Rhcastro, la había tranquilizado prometiéndole hacer uso de su “poder” si aquella extraña recién llegada al grupo, se atrevía a ponerle una mano encima al muchacho. Aquella noche, Entinieblas, cegado por el deseo hacia su mujer, rompió su rutina de chequear a los hijos y apenas si revisó, rápidamente, el cuarto de su hija menor. Sin recordar la preocupación de su esposa, pasó por alto la segunda habitación. El pecho se le ensanchó a ver a su Divinaluna, por quien tenía una debilidad especial. La hermosa criatura respiraba tenue y calmadamente, con la perlada faz infantil iluminada por la luna. Ella, ya poseía la “capacidad” de ver a través de las paredes, por lo cual Entinieblas, debía estar muy atento para dominar sus impulsos conyugales por las noches, por el peligro de corromper, sin querer, a la hija. Mientras tanto, entre la fronda, la luna dibujaba nubes plateadas sobre la grama, y el tierno Morgund dirigía la orquesta de los vientos que sacudían las copas de los árboles, generando tormentas de luz que le obnubilaban la mirada celeste. Martika, como si se encontrase haciendo tan sólo una caminata nocturna, con ayuda de sus finados amigos, logró que la luz de la luna en una alquimia visual, dorara aún más su cabello y perlase su piel hasta tornasolarla, para deslumbrarlo y que él sintiese la necesidad de acercársele. Cuando el chico, como atraído por un imán estuvo frente a ella, la ladina mintió susto, y hasta sorpresa de verlo y por un momento, él sintió el frío aliento de los muertos que la acompañaban y se erizó su piel desnuda. El joven preguntó por su “talento” y quiso saber si en ese momento, ella estaba en contacto con algún muerto, ya que recordaba su performance en la última reunión, en la que él había perfeccionado su poder con los vientos. Ella aprovechó a hacerse la misteriosa y le contó que, en efecto, estaba con “algunos amigos” que tenían muchas cosas intensas para contar… Ella le dejó el anzuelo, y él, abriendo los ojos como platos dijo querer escuchar más. Martika indicó un lugar oculto, lo tomó del brazo y lo instó a sentarse sobre el mullido césped con ella. Con la oscuridad a su favor, y el joven ansioso mirándola, empezó por pedirle sus manos para comenzar el llamado al más allá. La vista del joven desnudo, ansioso, acomodado frente a ella como un buda esbelto y níveo la excitó sobremanera y comenzó por mirarlo fijamente y acariciar sus manos e instarlo a cerrar sus ojos para que “sienta” lo que ella le iba proponiendo. Listo, pensó ella, el chico había quedado enganchado, y ahora lo tenía a su merced. Era sólo cuestión de tiempo para que la seducción haga lo suyo y él, acabe pensando que todo había sido su idea. En ese mismo instante, Entinieblas cerraba la puerta del cuarto de Divinaluna, creyéndola dormida para lanzarse al lecho, junto a su esposa y embestirla, como cada noche de su vida juntos. El sexo entre dos poderosos semidioses era un acto flagrante de espontánea y mutua voracidad. Rhcastro se entregaba abierta, completamente, ya que los nubosos pensamientos sexuales de él, eran ilegibles durante el acto, para ella. Y él, con su poder resucitador, con lo imposible como posible, había desarrollado un carácter iracundo y sensual que enloquecía a su esposa. Su embate era la potencia embravecida del oleaje, mezclada con el fuego candente que teñía sus ojos acuosos para locura y placer de su mujer. El encuentro duraba horas, y los dejaba agobiados durmiendo hasta entrada la mañana. Pero aquella noche, quizá estaba signada por la tragedia, y ocurrió que Divinaluna, despertase para observar, a través de las paredes, el furioso acontecer sensual de sus padres. La impresión que esto causó en la niña fue el detonante de la desgracia que se avecinaba. Quizá ella sólo vio una parte o no reconoció en aquella violenta contienda, un acto de amor y deseo, y lo creyó un daño en sí mismo, lo que la obligó a salir a buscar al hermano mayor al no encontrarlo en su habitación. La grácil niña corría angustiada dejando un halo de luz blanca entre los negros árboles del parque. Imaginaba a su hermano, jugueteando con los vientos, sin sospechar que en la casa, en ese momento, ella creía haber visto a sus padres, haciendo algo que sin dudas era el preludio de la muerte de ambos. Las lágrimas la cegaban pero no cejaba en su búsqueda, tenía que avisar a su hermano que algo muy malo estaba sucediendo. Morgund y Martika, permanecían sentados uno frente al otro, mirándose y tocando sus manos. El joven quizá había perdido un poco de interés, ya que Martika, al no conocerlo en profundidad, no imaginaba qué transmitirle de parte de los muertos, y tampoco sabía qué decirle que pudiera interesarlo. Ella, a su edad, no lograba llegar a despertar una cierta sensualidad en el inocente muchacho. El, sólo esperaba importantes mensajes del más allá. Martika tenía que tomar medidas extremas. De pronto, se levantó y se alejó unos pasos, hasta desaparecer para hacer un pedido extra a sus finados. El joven, curioso, intuyó algo así como una conversación, y escuchó algún tono de voz más alto de Martika que parecía estar discutiendo con varias personas a la vez, pero no se movió de su sitio. De pronto vio volver a la mujer completamente cambiada. Se inquietó, por un momento pensó que era otra. Ella comenzó a desnudarse despacio, ahora segura de sí misma, con el cuerpo firme y juvenil. Fijaba firmemente la mirada en la de él, que adivinaba que el plano de la situación había cambiado. La arpía había conseguido que sus amigos finados le hicieran el favor de devolverle la juventud perdida, para disfrutar un momento de amor con el muchacho, con la sola condición de poder quedarse mirando. El joven, dominado, sin apartar jamás la mirada, suspiró y se acostó cuan largo era movido por un impulso de rendición. Nada en él se parecía a su poderoso padre Entinieblas. El sólo era un fauno debutante atrapado en las redes de una bruja que se hacía pasar por tierna. Morgund miraba venir a la momentáneamente bella, sin preguntas ni coloquios, dejando que ésta lo besara, lo acariciara, que dirigiera sus manos hacia su geografía enhiesta y que lo montara sabiamente para llevarlo en una carrera conquistadora de sensaciones recién descubiertas. Pero antes del clímax, la pareja fue sorprendida por Divinaluna que apareció en el claro y otra vez, se encontró con similar escena a la vista momentos antes en su hogar. La niña gritó y se tomó la cara, lloró sin entender que sólo de una dulce tortura parecía tratarse. Los padres, que habían notado el escape de la chica y habían salido tras ella, al llegar y ver la escena, reconocieron que se trataba de Martika y de su amado hijo Morgund. La furia de Entinieblas hizo sonar un trueno y resucitó instantáneamente a todos los muertos que la arpía había llevado con ella y éstos, todos jóvenes abusados por ella en la plenitud de sus vidas, escaparon de su asesina sensual, felices de saberse otra vez vivos. Al quedarse sola, sin ayuda y sin magia, el hechizo se deshizo y una Martika centenaria se desintegró en un fino polvillo gris sobre el cuerpo de su joven amante de turno... El muchacho, asqueado huyó hacia sus padres, tapándose la boca con el dorso de la mano, finalmente a salvo. Luego de la desaparición de Martika, y a partir de aquel suceso que pudo haberle costado la vida al joven, “La seducción de Morgund”, se transformó en algo así como una fábula didáctica, para enseñar a los jóvenes en la “Sociedad de los seres diferentes” a que no usen sus poderes en beneficio propio o en vanidades personales, sino para beneficio de la humanidad. … Años después, RHcastro, descubrió que el poder de la bruja Martika, al partir ésta, le había sido a ella otorgado por los generosos Dioses de la Ciudad Octogonal. Los muertos eran dadivosos y le hacían favores a cambio de transmitir mensajes a sus deudos. Un día, su esposo Entinieblas partió de su lado ofuscado, aduciendo mezquindad y pereza sexual de parte de ella, a quien veía envejecida, y se instaló junto a una opulenta veinteañera que había resucitado tiempo atrás, luego de un accidente y que, agradecida con su salvador, estaba dispuesta a complacerlo en todos sus deseos. Rhcastro, desconsolada, olvidada del suceso de la fábula, decidió pedir a sus “muertitos” como ella ya los llamaba, un pequeño favor, para verse algo más…rejuvenecida
"el jazmin tan nìveo y fresco que anteayer fotografiaba... hoy yacìa en el suelo, luciendo ocre o amarronado, vulgarizado ya su aroma hasta hacerlo insoportable, ni una sombra quedaba del perfume maravilloso de ayer... ni de la belleza lozana y firme de su momento de gloria. Sin embargo, a los lados de su corola abandonada, veteados de un verdiblanco enroscado, esperan ansiosos por explotar, dos pimpollos nuevos que continuaràn hermoseando el jardìn con su veloz paso por la vida...como todos, como nosotros y los hijos que a la vida regalamos."

EL PERÙ DE AARÒN

El viernes Aaròn llegó como una tromba, como siempre, al grito de “hola madrina” y se sentò en mi computadora cerrando el facebook y mi correo con tal seguridad… como si supiera escribir o leer, cosas que aùn, en jardín de infantes, le están vedadas. Me dijo que me iba a hacer ver unos videos para que yo supiera algo del Perù. Me sentè a su lado, en un banquito que dispuso para mì (un banco de chicos que en realidad tengo, para cuando viene èl, pero bueno…) y me dijo que yo sòlo tenía que escribir una cosa tal cuàl el me la iba a dictar. Y, a continuación y abriendo la boca grande, me ordenò escribir… “El Cholo Juanito”… asì nomàs, el resto, dijo que lo iba a continuar èl. Eso hice y me sentè tranquila en mi lugarcito, desplazada de mi reino cybernètico, por Aaròn. El Cholo Juanito es un humorista peruano, muy inocentón y algo tonto, que viste multicolor, y a la usanza folklórica del país. Tiene un partenaire que hace las veces de hombre más piola, para refutar y hacer más graciosas las andanzas y aventuras del Cholo Juanito. Pero lo interesante de esto no fue ver estos videos, que pueden resultar, graciosos, tontos, naif, lo que quieras, lo interesante de todo esto fueron las explicaciones de Aaròn. -Aaròn! Por què se viste tan colorido, como un payaso, este muchacho????-preguntè -Madriiiiinaaaa!!!!!!! Es un indio, no payaso. Asì se visten en el Perù. -Pero el otro tipo, està vestido más común, como vos o yo, por què??? -Porque el otro, no es indio, y el cholo Juanito, sì. -Pero còmo, si son los dos parecidos, còmo sabès que uno es indio y el otro no, sòlo por la ropa????? -Noooo, madrina!!!!!!!!!el indio es como el cholo… y el no indio, es porque nació en Perù, pero no es indio… entendès??? -No entiendo -Prestà atención, madrina, no te distraigas que te vas a reir. Me reì, claro que sì, pero los videos del tal Juanito, están filmados en la vìa pública, en bonitos paisajes de Perù… que no pasaron desapercibidos para Aaròn y siguió diciendo. -Mirà atrás madrina, atrás de Juanito!!! Ves esa señora que pasa??? Se parece a mi mamà!!!! Porque es peruana! Y va con un nene, que se parece a mì! Viste viste!!!! -Ah si… le digo yo.. aùn sin saber a dònde iba todo este relato. -Madrina, en Perù están las personas que se parecen a mi mamà, a mi papà y a mì, son los peruanos que nacieron en el Perù, que es un país hermoso, más lindo que acà, mirà el fondo… hay un mar, y allà una plaza, yo voy a ir un dìa y voy a ser también peruano. Para este entonces yo lo miraba a èl, azorada… pensando còmo habían interesado la levedad de su atención de niño de este tiempo, en tanto amor por su cultura y conocimientos tan elementales y tan simplemente ciertos. -MIrà la pantalla, madrina!!!! Ves esa señora que pasa al fondo? La de la trenza, esa que tiene el bebè en la espalda! Esa, madrina, con la pollera con rayas de todos colores!!!!!!! Esa es una chola! Esa señora es india, y su hijo también. No son como mi mamà, mi papà o mis hermanos que nacieron en el Perù, pero no son indios, son peruanos. Ahora entendès????? Yo estaba entendiendo y me pareció maravilloso que supiera con tanto detalle nociones sobre sus raíces y el amor a la madre patria. Y quise escucharlo más, antes que su atención se disperse entre los chistes del tal Juanito. -Aaròn, vos sos peruano? -Yo soy el único de mi familia que soy argentino, porque nacì acà. Pero si voy al Perù, soy peruano igual. -Bien… Y por què, si Perù es más lindo que acà, tu familia està acà, en la Argentina? Què pasò? Yo lo sabìa, los padres me lo contaron, pero escuchar las nociones de un nene de seis años recién cumplidos era una maravilla que no me querìa perder. -En Perù, no había trabajo, madrina, no es como acà. Mis papàs vinieron con mi hermana grande cuando era bebè (o sea hace veinte años, esto lo digo yo). Vinieron porque allà estaba mal todo y no habían conseguido trabajo para poder comprar las cosas y vivir en una casa. Algùn dìa vamos a ir otra vez…podemos ir cuando querramos… Aaròn se quedó serio, calladito un momento, como pensando y me mirò a los ojos, por un largo instante. Volvió a mirar la pantalla, me pareció ver un brillo triste en los ojos. Luego de un silencio prudencial, volvì a preguntar. -Decìme, tu papi te enseñò todo esto?? -Sì, porque si me preguntan en la escuela algo, los otros chicos, yo les puedo contar todo esto que se de Perù… Ahì entendí muchas cosas… Aaròn està preparado. Nadie lo va a lastimar jamàs, diciéndole peruano, ni indio, ni nada de esas palabras que (queriendo o no, usamos los argentinos en referencia al inmigrante latino) porque para èl, no son palabras hirientes. Mirando su perfil de nariz pequeñita y ojitos vivaces, me di cuenta que el va a defender aquella patria desconocida, anhelada y tan sòlo contada por sus mayores, con alma y vida y con conocimiento. Asì son los inmigrantes, asì han sido nuestros antepasados. Aaron conoce su cultura y tiene un lugar de pertenencia, pase lo que pase en la Argentina. Tiene mucho, teniendo eso… Recordè mis discusiones con Enrique, cuando lo conocì que era un chico de diecisiete, y defendía su Alemania como si hubiera nacido allì. Me vinieron a la cabeza esas veces que le decía “vos sos argentino, naciste acà, por què te hacès la ciudadanía, por que`hablàs tanto de Alemania!!!”. Pero el anhelo de la madre patria finalmente lo llevò a poder llegar a ella un par de veces en su vida y la ilusión, por suerte para èl, se transformò en una realidad mejorada a la soñada. E incluso yo, empecè a compartir, con los años, esa devoción enseñada. Esto somos y seguiremos siendo los argentinos. Extraños patriotas de tierras lejanas viviendo en un suelo en el que anhelamos otras patrias. Corazones divididos que no quieren olvidar culturas antepasadas… Inmigrantes melancólicos que atraviesan generaciones viviendo en el futuro posible de visitar aquella tierra de nuestras raíces. -Aaròn, alguna vez podrè ir con vos a conocer el Perù? Aaròn me mirò de arriba abajo, primero con ojos dubitativos, luego la miradita se tornò misericordiosa hacia mi persona, torció la boquita complaciente y dijo… -Bueno pero…mmmm, no se… no se…. No importa, yo les explico a la gente cuando paseamos por ahì, por las calles del Perù. Pero después de pasear, vos tenès que volver, sòlo los peruanos podemos quedarnos en el Perù.

martes, 25 de octubre de 2011

Por solamente una letra (autor:Rubèn Ivanoff)

Por solamente una letra tuya,

sería capaz de viajar a la Luna

a pie, y de traerte a las rastras

cuatro soles de mentiras

que te iluminen la noche

y te sonrían de día.

Por solamente una letra tuya,

sería capaz de subastar mi alma

venderla al mejor postor yo podría,

y eso no me importaría

porque tu letra tendría.

Por solamente una letra tuya,

yo podría devolverte

cinco estrellas y el Lucero

tres cometas y un montón

de pequeños asteroides,

que girando frente a tí,

se conviertan con mi prosa,

en un pequeño universo,

que te alabe como Diosa.

Por solamente una letra tuya,

yo haría tantas cosas...

ahora solo imagina

¡lo que yo haría por dos!...

pero mucho más haría,

si esas letras también fueran

la respuesta para mí;

Volvería a comenzar

desde el principio mi vida

si esas letras solo fueran..

una "S" y una "I".

lunes, 10 de octubre de 2011

El ingrediente secreto

La receta no revelaba el ingrediente secreto de la abuela. Eva recordaba que la anciana le repetìa que su matrimonio de cincuenta años siempre habìa salido indemne debido al "golpe" de "pasiòn", administrado cada tanto...
Ahora ella sentìa que su vida se le desmoronaba. Mientras leìa el amarillento recetario, amargas làgrimas brotaban de su mirada. El aliento frìo, el sexo sinsabor, el corazon perezoso aùn en viernes, pregonaban un final anunciado.
Se decidiò, tomò el pote màs grande, empezò con harina, siguiò con bastante azùcar, untò con crema y batiò huevos con leche. Luego, agachada frente al refrigerador abierto, pensò... cuàl serìa el "ingrediente" secreto de la vieja.
De pronto ve un pote de queso, blanco, suave, cremoso, que habìa comprado Ernesto dìas antes. Lo tomò y en la etiqueta leyò la marca "Pasiòn". Algo resonò en su cerebro. Tomò una cuchara sopera y le agregò, a toda la mezcla... cuatro... no, mejor seis, porciones del misterioso làcteo, pensando en su abuela y sus sabios consejos.
Esa noche Eva y Ernesto, volvieron a ser, al menos en el lecho, los de hacìa veinte años.