viernes, 6 de noviembre de 2009

Cómo eras?

Cuando al pasar me veías, adoleciendo sobre mis papeles, despuntando palabras y buceando en sueños extraterrestres…, no hacías más que preguntarme…
-”Escribís sobre mí, alguna vez?”

Yo lo negaba con la cabeza despeinada. Y un codo sonrojado borraba lo que había escrito la mano…, y volvía a empezar, para intentar, la imposible misión de complacerte.

Hoy, la nueva vos, enferma de cortar páginas de almanaque, me olvida una y otra vez. Mi identidad se le escapa y no comprende que el tiempo es como un vendaval huracanado que se lleva lo superfluo, y luego habrá que ver que es lo que queda….

Recuerdo un peine de carey, dorado el mango deslizándose por las ondas de cobre encendido de tu cabello. Enmarcado por el espejo del “toilette”, veo la perfección de tu rostro satinado. Vienen a mí los perfumes rosados de cremosa cosmética que enmascaraban la tristeza desde tus mejillas y hasta las sienes. Suena aún en tu casa el “fru fru” de las sedas de aquellas “robs de chambres” parisienses que se disputaban su lugar sobre tu cama. Y esa mirada inmensa que hundías en las personas, clavándoles la idea del enigma que esconderías en el destello de tus ojos arábigos.

Pero no hubo misterios en tu anatomìa, no hubo cuestión que te inquietara. Eras solo una pantalla cinematográfica, la cadencia de las caderas de Marilyn, la elegancia de un perfil de la Garbo…, únicamente eso. No apareció el motivo que justificara la vida preciosa y simple que te encarcelaba…
Y cuando a la belleza se le dio por marcharse…, arrasó con todo y no ha quedado nada.

Campo yermo. Libro de páginas en blanco. Semilla sin germen. Cáscara vacía que exhala temor y miserias. Contenedor desfondado en donde arrojo como al vacío todas las culpas que no merezco… y la pesada herencia de obsesiones acarreadas cual virtudes.
Y el tiempo…, siempre el tiempo… que no da tregua, que no permite segundas oportunidades, que va borroneando tu hermosa imagen como reflejo visto en el fondo de un pozo oscuro…

…y contagiada de vos, madre,… comienzo a olvidarme como eras.

2 comentarios:

LOBOHERIDO dijo...

Imposible olvidar, se lleva en la genética, se lleva en la sangre.
Esperar que despierte la genética es sentarse a esperar y morir.
Vamos con alegría a despertar la herencia genética que nos vio nacer y que nos vera morir, viviendo.
Un abrazo, a vos que también eres madre, ¡Bendita!
Un beso.

ALFREDO LEGNAZZI dijo...
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